Reseña de Páginas Críticas

Por Ana Paolini

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Páginas Críticas
Martín Schifino
Editorial Fiordo 2014
208 páginas

¿Qué define a un buen crítico? podríamos imaginar el ejercicio de la crítica con el acto de someter las lecturas a un prisma subjetivo para obtener un abanico de luces y espectros con la mayor pericia posible. Un mapa que muestre rupturas y continuidades. La validez de ese prisma viene dada por las aptitudes reflexivas y analíticas -parte fundamental- junto a la experiencia y la formación previa. “El crítico presenta nociones, las pone a dialogar, crea el entramado intelectual en el que se lleva a cabo una discusión” (…) Gran parte del trabajo de un crítico consiste en esperar (…) que aparezcan conexiones relevantes”. Es un trabajo creativo en una dimensión más abstracta, una posible arquitectura de lo invisible (o de lo no tan visible). Una suerte de visión topológica llevada al campo literario.

Martín Schifino (Crítico, traductor y licenciado en letras. Argentina, 1972) demuestra que es capaz  de iluminar la obra completa de un autor por sus particularidades, relacionarlas a uno o varios contextos de diversa índole, a un conjunto de ideas, esbozar sus posibles influencias y cómo fueron surgiendo las variaciones a lo largo del tiempo. Un trabajo meticuloso que se presta a ser leído por un principiante, sirviéndole de guía interesante y por momentos entretenida -como es mi caso- pero también por un sibarita, que encontrará aquí un interlocutor de nivel con quien podrá estar más o menos de acuerdo.

Como bien señala el autor en la introducción “Si hay en la crítica un decoro, empieza por la claridad.”(…) Si una oración no puede decirse en voz alta, no debería escribirse; y si uno califica algo de indescriptible, se ha equivocado de oficio”; marcando así una distancia objetiva de quien supone que la crítica debe contener una jerga excluyente -algo bastante vulgar propio del academicismo narcisista- o por el contrario hacer de la crítica un ejercicio banal y entusiasta más parecido al del marketing de prensa.

Es muy importante remarcar el artificio de precisión semántica. Es en este punto donde el trabajo del crítico se asemeja mucho al de un buen traductor; no solo por la capacidad de encontrar las palabras adecuadas a la hora de ensayar sino también por detectar las malas traducciones, responsables del equívoco injusto y al parecer algo recurrente con el apuro comercial y el mundo editorial en sí.

El libro se encuentra separado en tres partes. La primera es “Transatlántico” y se ocupa de Proust, Nabokov y  Thomas Bernhard.

Tras cumplirse el centenario de la publicación de Por el camino de Swann,  “Una prodigiosa renovación literaria: 1913”  se encarga de mostrar como Proust (tras haber sido sistemáticamente rechazado por los cánones de la época) pasó a formar parte de un nuevo paradigma junto a otros dos autores representativos: Roussel y Apollinaire. Uno se queda pensando, haciéndose más preguntas, incluso con ganas de investigar las posibles relaciones entre el tratamiento literario que Proust le dio a la psiquis humana con el surgimiento del psicoanálisis freudiano.

En “Nabokov en Norteamérica” hay un repaso de todo Nabokov haciendo hincapié en la mutación de autor ruso a norteamericano. El virtuosismo del lenguaje ruso encontró un canal adecuado con el tiempo: el interés por registrar lo kitsch de la cultura norteamericana. La cima fue Lolita, la novela que lo llevó al éxito. El punto de inflexión (o la bisagra) de ese cambio cultural fue La verdadera vida de Sebastian Knight que trata (en parte) sobre el vacío lingüístico del escritor exiliado.

“Thomas Bernhard, el intransigente” estudia la influencia de la literatura de Bernhard en escritores españoles y latinoamericanos (según Schifino, el de mayor influencia después de Faulkner). Partiendo de la importancia fundamental en la calidad sostenida de la traducción realizada por Miguel Sáenz, el estilo satírico e irónico de Bernhard retoma “ecos quevedianos”, resuena puntos de contacto con la historia española del siglo veinte y presenta un profundo rechazo a las instituciones burguesas, marcando de este modo la obra de autores como Javier Marías, Félix De Azúa, Bolaño y Pauls  por citar algunos ejemplos.

En “Trayectorias” (la segunda parte) hay tres capítulos dedicados a Borges y uno a Cortázar.

Los primeros dos capítulos dedicados a Borges (“Borges en inglés” y “Borges en castellano”) podríamos resumirlos en una paradoja: si bien Borges fue “un escritor portátil” porque es “fácil llevarlo en la memoria” y porque “todas sus obras son breves”; los esfuerzos por editar su obra completa -a lo largo de décadas- fueron incompletos. Ya sea por la estrechez cuando se trató de traducirla al inglés, por problemas legales o por una infidelidad interesada que impidió seguir su evolución creativa, permaneciendo así una suerte de incompletitud perpetua. Algo que suena a idea borgeana (por no citar a Gödel).  

“Borges como en casa” gira en torno al famoso diario Borges de Adolfo Bioy Casares que cristaliza algunas suposiciones y echa luz sobre otros aspectos del “Borges personaje” mostrando que siempre “vida y obra acaban cruzándose”.

“El éxito incómodo de Julio Cortázar” se centra en analizar al mismo tiempo dos elementos. Porque Rayuela llegó a ser un éxito revolucionario desde el punto de vista literario (la llamada “antinovela”)  y porque fue incómodo para Cortázar moverse dentro de cierta realidad que acompañaba ese triunfo, ya que no se sentía plenamente a gusto con la postura extremista de izquierda a la que pertenecían gran parte de sus colegas latinoamericanos del “Boom” ni mucho menos con la política imperialista norteamericana.

Por último, la tercera parte del libro se llama “Pulp Fiction”. Quizá la piedra angular. Marca que el crítico no necesariamente se ocupa de analizar con la misma lucidez lo que ya aconteció sino también lo que esta sucediendo. Exhibe el surtido temático.

“Cómo leer un best seller” intenta definir qué es un best seller. Me atrevería a decir que ocupa el lugar de introducción epistemológica y fenomenológica a los otros dos capítulos siguientes. Decir que un best seller es mala literatura no es siempre cierto, decir que se trata de un género literario específico tampoco, decir que es literatura de masas resulta un eufemismo y decir que es literatura que vende una tautología. Partiendo del análisis que hace Viñas en “géneros analógicos”, signa sus deficiencias y estudia algunos ejemplos típicos pero distintos entre sí. Schifino llega a la conclusión de que un best seller es “un síntoma (textual) de obsesiones culturales, expresado en un valor (numérico) de ventas” y que el mejor motivo para leerlos es de validez sociológica: conocer los fantasmas insertos en una cultura y una época determinada.

“Series de oro” comienza haciendo mención de un análisis de Sontag que relacionaba novelas con películas (en el sentido de que el cine era capaz de “engullir virtualmente cualquier otro arte”) para aseverar que hoy podríamos hacer y decir lo mismo con las series. El recorrido abarca The Sopranos, The Wire,  Mad Men y Boardwalk Empire.

“Calentamiento global: sexo y ficción” se centra en Cincuenta sombras de Grey y los motivos de la fama de la trilogía. Un mix que tiene pornografía pobre e inocente (comparada con la otra “para papis”), fantasía a lo “Disney” y pulcritud erótica con tintes sadomasoquistas. Todo lo anterior sumado a una prosa repleta de clichés que por momentos coexiste con el regurgito y la risa. Si parece un oxímoron ¿cómo se explica entonces la notoriedad del “porno para mamis”? En principio porque calca la fórmula de otros best sellers del estilo “damisela embobada conquista a macho alfa”.  Es conservadora y a la vez con pretenciones de atrevimiento, pero no le mueve el piso en absoluto a la corrección política imperante. “Ya lo dijo Eliot: el ser humano no soporta mucha realidad. ¿Cuál es la fantasía? Quizá no solo que llegue George Clooney con su máquina Nespresso. A estas alturas, lo mismo da el café. La fantasía es que George Clooney acabe con la descarada impureza de la vida cotidiana. Eso hace Grey”

Hacia el final y a modo de demostración o contra ejemplo se describen algunas obras de Nicholas Baker y  se nombran algunas novelas dedicadas al sexo producidas por dos de los mejores prosistas de una generación: John Updike y Philip Roth.

 

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