Una distopía sobre la igualdad

Por Ana Paolini

Equals 1

Lo primero que pensé después de ver Equals es que la pregunta presente por cuánto pueden parecerse los robots a los humanos evade el deseo y/o el miedo por parecernos a ellos.

La sociedad -que en el film es “el colectivo”- aparenta haber resuelto todas las desigualdades: la pobreza, la servidumbre, los teóricos (o los reales) problemas de género, etc y etc. El clima cordial y políticamente correcto se proyecta a lo largo de la película. Todo es diseño minimalista, blanco y luminoso pero absolutamente desolado. Las casas son una suerte de monoblocks lujosos donde los habitantes se encierran en soledad luego de trabajar y se distraen con escasas actividades preestablecidas.

¿No es, acaso, la fantasía ingenua de erradicar todas las desigualdades la que procede de la política vacía “sin ideologías” apoyada sobre la tecnología y la ciencia?

¿No es precisamente esa suerte de socialismo utópico, el marketing “refritado” optimista, idealista y progresista que descansa aún sobre el capitalismo y la democracia?

Mucho es lo que se pregona en nombre de la igualdad y la libertad como condiciones que van juntas, pero…¿por qué se habla tan poco de las evidentes contradicciones que emanan de pretender llevar ambas a la práctica? De todas formas es un tema que quizá merece un desarrollo aparte.

Sigamos.

Hace dos años, en una reseña que hice de Páginas Críticas, el crítico Martín Schifino llega a la conclusión de que un best seller es “un síntoma (textual) de obsesiones culturales, expresado en un valor (numérico) de ventas” y que el mejor motivo para leerlos es de validez sociológica: conocer los fantasmas insertos en una cultura y una época determinada.

¿No es esto también válido para las películas medio pelo (medio pelo más, medio pelo menos) de ciencia ficción?

Equals no es original, hay un pastiche de reminiscencias a clásicos de la literatura -como Romeo y Julieta de Shakespeare o 1984 de Orwell- y una sintonía con La infancia de Jesús de J. M. Coetzee, donde el autor imagina una sociedad obsesionada con lo que es correcto pero vacía de deseos y que adjudica igual que en la actualidad -pero llevada al extremo- una connotación negativa de la violencia.

Algo de la película me recuerda a Her. Trabaja con la creciente deshumanización que produce la tecnología. “ La hipótesis general de Her diría que la tecnología te conecta pero te aliena, te hace global pero te mediatiza, te da confort pero corta tus lazos directos con el mundo” como dice Terranova en Paco.

Sobre los miembros del “colectivo” se ejerce una vigilancia foucaultiana, enfocada en los cuerpos, en lo biológico. En palabras de Foucault:

“Para la sociedad capitalista es lo bio-político lo que importa ante todo, lo biológico, lo somático, lo corporal. El cuerpo es una entidad biopolítica, la medicina es una estrategia biopolítica”

En Equals los sentimientos se convierten en obstáculos para la producción, aunque también vale preguntarse si los sentimientos son un obstáculo para la igualdad.

Tristeza, deseo, odio, miedo o amor, son vistos todos como patológicos, como síntomas producidos por un virus, y quienes lo padecen deben someterse a una suerte de rehabilitación con medicación.

Es llamativo el uso repetitivo de las funciones de los fármacos: bloquear, inhibir, eliminar. Algo que suele aparecer hoy en la mayoría de los psicotrópicos y en el léxico de las redes sociales. Hay una crítica abierta a la psiquiatría y al desarrollo aparejado de las neurociencias con fines farmacológicos, a las redes sociales, o la falta de una ética en el desarrollo de las mismas.

Los dos protagonistas de la película se enamoran. Se buscan y se evitan, se desean y siente culpa, se esconden para verse y se alejan. Se dicen y se callan. Hay un trabajo muy fino en las imágenes de los encuentros entre los cuerpos sin pornografía, puramente sensuales.

Cabe destacar que el primer encuentro sexual está cargado de violencia, de una violencia deseada y adrede, de connotación positiva para cualquier espectador. No parece ser casual.

Con final feliz, para cerrar el cliché, escapan. Aunque no está claro hacia dónde es posible escapar en ese mundo.

Zizek

 

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